Las elecciones presidenciales a menos de 19 días se perfilan como una de las contiendas más difíciles de leer en los últimos años. Hay fragmentación política, desgaste del gobierno, voto silencioso y una ciudadanía cada vez menos identificada con extremos ideológicos. En ese panorama, dentro de la derecha comienza a tomar fuerza una teoría electoral que muchos analistas y ciudadanos comentan: el rival que llegue a segunda vuelta podría definir quién gana la Presidencia.
La lectura es sencilla, pero políticamente profunda.
Si la derecha logra llevar a Paloma Valencia a segunda vuelta, tendría mayores posibilidades de construir una coalición amplia y atraer sectores de centro e incluso parte de la centroizquierda moderada. Pero si quien pasa es Abelardo de la Espriella, el escenario cambia completamente y la elección podría inclinarse hacia el otro bloque político.
¿Por qué ocurre esto?
Porque una parte importante de quienes hoy acompañan la gran consulta de derecha no necesariamente votarían unidos por Abelardo en una segunda vuelta. Muchos sectores que podrían respaldar a Paloma por afinidad institucional o política moderada, tendrían resistencia frente a una candidatura más confrontacional.
Ahí aparece el verdadero factor decisivo:
los votos del centro.
Los apoyos cercanos a figuras como Claudia López, Sergio Fajardo, los sectores de Galán, Oviedo y parte del voto independiente podrían terminar siendo definitivos. Tal vez individualmente no representen enormes maquinarias, pero juntos sí pueden inclinar la balanza en una elección cerrada.
Con Paloma, esos sectores podrían encontrar un punto de coincidencia.
Con Abelardo, podría darse el efecto contrario: división, abstención o incluso voto estratégico contra él.
Y en política, cuando una candidatura genera más rechazo que adhesión en sectores moderados, la segunda vuelta se vuelve cuesta arriba.
Además, hay un elemento que pocos logran medir con exactitud: el voto silencioso. Ese ciudadano que no responde encuestas, que no milita en partidos, pero que termina definiendo elecciones. Un voto cansado de la polarización y que podría moverse más por percepciones de estabilidad y gobernabilidad que por discursos de confrontación.
Por eso, muchos consideran que si Abelardo llega a una segunda vuelta frente a Cepeda, el panorama para la derecha sería complejo. No necesariamente porque no tenga respaldo popular, sino porque podría quedarse sin capacidad de sumar aliados fuera de su núcleo duro.
En conclusión, estas elecciones no solo serán una disputa entre izquierda y derecha. También serán una batalla por conquistar el centro político y evitar el rechazo mayoritario. Ahí podría estar la verdadera llave de la Casa de Nariño.
Por Jorge Camargo-Periodista