Durante el inicio del año, las lluvias han generado emergencias en varios departamentos. Según el Climate Prediction Center del National Weather Service, el fenómeno de La Niña está entrando en fase neutral y tendría incidencia en Colombia y países cercanos hasta abril. Esta condición suele provocar precipitaciones por encima de los promedios históricos, especialmente en las regiones Andina y Pacífica.
Por su parte, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) señaló que factores como la influencia de frentes fríos podrían hacer que las lluvias en marzo sean 41,6 % más intensas que en el mismo mes de 2025, de acuerdo con su informe de predicción climática a corto, mediano y largo plazo.
Posible transición hacia El Niño
De cara al segundo semestre, el NWS estima que durante el verano del hemisferio norte (junio-agosto) existe un 56 % de probabilidad de que se mantenga la condición neutral. Sin embargo, después de ese periodo hay entre un 50 % y 60 % de probabilidad de que se configure el fenómeno de El Niño.
En ese escenario, se prevé una disminución de lluvias, principalmente en las regiones Andina y Caribe, acompañada de un aumento de temperaturas por encima de lo normal y posibles episodios de estrés hídrico. Esta situación podría extenderse hasta noviembre, e incluso prolongarse hacia finales de año e inicios de 2027, aunque los expertos advierten que los pronósticos a largo plazo tienen menor nivel de precisión.
Impacto en la agricultura
De acuerdo con el Instituto de Desarrollo de Investigación Agropecuaria Tecnificada (IDIAT), tanto La Niña como El Niño son factores determinantes en la productividad agrícola del país, debido a la alta vulnerabilidad derivada de la diversidad climática.
Impactos de La Niña:
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Exceso de lluvias y suelos saturados.
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Mayor presencia de plagas y enfermedades en cultivos.
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Menor radiación solar, afectando el crecimiento de algunas especies.
En contraste, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ha advertido que El Niño puede generar:
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Variaciones en el rendimiento de los cultivos.
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Disminución del caudal de ríos.
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Mayor riesgo de incendios forestales.
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Posibles racionamientos de agua en algunas zonas.
Así, el panorama climático para 2026 plantea retos importantes en materia de gestión del riesgo, abastecimiento hídrico y planificación agrícola, en un contexto de transición entre fenómenos oceánico-atmosféricos que inciden directamente en la estabilidad económica y social del país.