Un informe de agencias de inteligencia de Estados Unidos, conocido en exclusiva por LA FM, revela la existencia de una red transnacional que vincula el narcotráfico en Colombia y Venezuela con el financiamiento y apoyo logístico a organizaciones terroristas en Medio Oriente y otros puntos del planeta.
Según el documento, esta estructura habría operado durante años bajo el amparo de altos mandos del régimen de Nicolás Maduro, favoreciendo la expansión de grupos armados ilegales en la frontera entre Colombia y Venezuela. Este escenario permitió la consolidación de disidencias de las Farc y del ELN en territorio venezolano, desde donde tejieron alianzas con organizaciones criminales y terroristas en otras regiones.
El informe identifica a Dubái como centro de gravedad de la operación. Allí residen al menos cuatro individuos de alto perfil, con antecedentes en tráfico internacional de drogas y nexos con clanes criminales de Sudamérica y Oriente Medio. Estos se desplazan con frecuencia entre Dubái, Doha y Teherán, manteniendo un patrón de movilidad que, de acuerdo con los investigadores, se apoya en protección diplomática y plataformas financieras opacas.
Las agencias señalan que parte de las operaciones se desarrollan a través de empresas fachada registradas en Catar, dedicadas aparentemente a infraestructura y energía, pero utilizadas para lavar recursos provenientes del narcotráfico. Los fondos son triangulados y posteriormente redirigidos hacia estructuras vinculadas a Hezbolá y a entidades asociadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.
Una porción de ese dinero termina financiando actores armados en zonas de conflicto como Gaza, Líbano, Siria, Yemen e Irak.
En el caso colombiano, el informe advierte que el ELN, las disidencias lideradas por Iván Mordisco y la Segunda Marquetalia forman parte activa del sistema. Estos grupos controlan corredores de producción de coca y oro, reciben pagos en criptomonedas y facilitan el tránsito por pasos irregulares. Además, algunas unidades del ELN habrían accedido a entrenamiento en uso de drones, comunicaciones cifradas e infraestructura de contrabando.
Los investigadores también alertan sobre presencia de células de apoyo en la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, así como campamentos de entrenamiento en La Guajira.
El documento concluye que se trata de una “amenaza híbrida transcontinental” que combina crimen organizado, ideología y capacidad financiera para influir en economías regionales y sostener conflictos armados. Por ello, recomienda reforzar el monitoreo de movimientos migratorios y financieros entre Dubái, Doha, Teherán, Caracas, Bogotá, Ciudad del Este y Maicao, además de fortalecer la cooperación internacional para impedir que la red aumente su capacidad operativa.